Ross Hewitt subiendo en bici el Mont Blanc antes de su accidente

Escrito por

El equipo de SiS

7 min
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Impulsando el regreso: rehabilitación, reconstrucción y verdadera resiliencia

La vida en la montaña y el momento en que todo cambió

El deportista de SiS, Ross Hewitt, se siente como en casa en las montañas. Desde su infancia en Escocia hasta sus casi 30 años como miembro muy querido de la comunidad de Chamonix, este es su hábitat natural. Como reconocido esquiador de exploración, escalador y fotógrafo, cuenta en su haber con numerosos descensos y ascensos pioneros, además de una amplia experiencia en materia de seguridad.

Su amor por la montaña no se toma ni un día libre. Cuando no está haciendo de guía o dando clases, esquía simplemente por el puro placer de hacerlo. Una mañana de enero, Ross se unió a un grupo de amigos en una emocionante excursión por el impresionante paisaje alpino que conoce tan bien.

Mientras esquiaba, siempre atento a lo que pasaba a su alrededor, intuyó un posible peligro y, por instinto, se detuvo para replantearse la ruta. Pasaron unos dos segundos antes de que, como él mismo dice, «la pendiente empezara a moverse».

La salida desde parado no le dio ninguna oportunidad de esquivar la avalancha que ganaba velocidad, la cual lo arrastró rápidamente por encima de dos franjas de roca expuesta. El impacto al caer fue «como saltar de un bordillo delante de un camión de 40 toneladas que va a 60 mph».

Por suerte, a Ross lo dejaron en la superficie. Sus compañeros no tardaron en llegar y sus medidas inmediatas fueron decisivas: lo mantuvieron a salvo, quieto y abrigado, con un mensaje claro y sencillo: «Sigue luchando».

Del rescate a la reconstrucción

El equipo de rescate en helicóptero llegó en menos de 30 minutos. Debido al riesgo de que se produjeran nuevos deslizamientos, se dio prioridad a la extracción inmediata frente a la estabilización y el tratamiento del dolor. Así que lo subieron directamente con el cabrestante, sujetándolo por el arnés, mientras él sufría una «agonía mortal y gritaba de dolor», hasta ponerlo a salvo.

Así comenzó el viaje de Ross desde aquella situación desesperadamente sombría en el Mont Blanc. Y es ese viaje el que hemos venido a celebrar.

Las cinco fracturas vertebrales fueron casi algo secundario frente a las complejas y múltiples fracturas que presentaban tanto la pelvis como el sacro. Además, había sufrido una grave hemorragia interna, coágulos de sangre, neumonía y otras complicaciones diversas.

Además del dolor físico, Ross ha hablado con franqueza sobre la angustia y la ansiedad que le provocó, primero, lidiar con la incertidumbre y, después, aceptar la realidad de sus lesiones. Fue una época brutalmente dura.

Tras una semana larga y angustiosa en la UCI de Aosta, tuvo que soportar un traslado en ambulancia bastante cómico hasta Grenoble. El viaje lleno de baches mereció la pena: el hospital universitario de allí cuenta con un equipo de especialistas en reconstrucción pélvica de primer nivel. Allí, lo primero fue prepararlo para una intervención quirúrgica urgente.

Dos semanas después del accidente, Ross por fin salió del quirófano. La intervención había salido bien y se habían evitado daños permanentes. ¿Y ahora qué? Siete semanas postrado en la cama del hospital, mientras se consolidaban las fracturas y seguían las revisiones.

La mentalidad del deportista: volver a empezar junto a la cama del enfermo

El precio de dos semanas sin hacer nada, con una dieta basada casi exclusivamente en fentanilo, había sido muy alto. Había perdido casi el 20 % de su peso corporal por la pérdida de masa muscular.

Pero ya había dado un giro a la situación. Sus avances diarios eran alentadores. Animado por eso, y por poder pasar más tiempo con su familia, su mentalidad de deportista empezó inevitablemente a preguntarse con impaciencia hasta qué punto —y en qué momento— podría recuperar por completo su fuerza y movilidad.

Así que el programa de rehabilitación de Ross empezó mientras aún estaba en cama, incorporando poco a poco ejercicios de realineación, ejercicios de resistencia para la parte superior del cuerpo, estiramientos y estimulación nerviosa diaria centrada en los cuádriceps, los isquiotibiales, los glúteos y las pantorrillas.

Cuando por fin volvió a casa, ahí fue cuando empezó el trabajo de verdad.

En dos meses, un físico forjado a lo largo de toda una vida de movimientos precisos y funcionales había perdido casi toda su fuerza. Su extensión con una sola pierna, por ejemplo, apenas llegaba a los 2 kg. Toda la fisiología de Ross —que antes presumía de una relación potencia-peso excepcional, estabilidad del tronco, precisión en los movimientos bajo fatiga y resistencia— se había visto drásticamente mermada.

Pero Ross estaba vivo. Se estaba recuperando por completo. Se movía con bastante libertad. Ya estaba de vuelta en casa con su familia. Eternamente agradecido por todo el apoyo que había recibido. Y muy consciente de que, al igual que había tenido que luchar para sobrevivir, ahora tendría que luchar para reconstruir su vida.

Por encima de todo, estaba decidido a dedicarse de lleno al entrenamiento y al descanso necesarios para volver al lugar al que pertenecía: las montañas. Tras consultarlo con su equipo de fisioterapeutas, Ross elaboró un programa de rehabilitación detallado. Se entregó de lleno a esas sesiones cada vez más duras, con un nuevo afán que se sumaba a su antigua disciplina y atención al detalle.

Impulsando la recuperación: nutrición de precisión y suplementos

Por supuesto, la alimentación iba a ser clave para su recuperación. Durante aquellas largas semanas en el hospital, Ross ya se había dado cuenta de lo mucho que influye una dieta fresca y variada en el bienestar general.

Ahora que la prioridad era recuperar y luego mantener la masa muscular, además de reparar los tejidos blandos, se centró sobre todo en la calidad, el volumen y la regularidad de su ingesta de proteínas. Como parte de esta estrategia general, su dieta variada y basada en alimentos integrales necesitaría una suplementación completa.

El objetivo era un mínimo diario de 2 gramos de proteína por cada kilogramo de peso corporal. Lo consiguió con cuatro dosis de 30 g de proteína de suero de SiS, complementadas con creatina y colágeno, repartidas de forma equilibrada entre sus comidas. En cuanto a los nutrientes necesarios para la regeneración, esta combinación resultó muy eficaz.

A medida que los entrenamientos de Ross se iban intensificando y alargando, nuestros geles energéticos, pastillas hidratantes y polvos de recuperación jugaron un papel clave. Además, como no quería depender de medicamentos por la noche, también recurrió mucho a nuestros productos para conseguir el sueño de calidad que exigía su programa de rehabilitación.

Consciente de la variedad de factores complementarios que entran en juego, Ross atribuye a una nutrición óptima el mérito de su recuperación y de su progreso continuo:

«Una vez que superé ese traumático periodo inicial y la operación, me centré por completo en cómo podía recuperarme lo mejor posible.

Como ingeniero, había trabajado en algunos proyectos enormes y complejos. Pero este me daba más miedo que cualquiera de ellos. Ahí estaba yo, con 50 años, intentando arreglar —prácticamente desde cero— lo que había llevado más de 30 años de dedicación obsesiva construir.

Estaba decidido a sacar el máximo partido de todo lo que tenía a mi alcance… fisioterapia, entrenamiento, dieta, suplementos, hidratación y descanso. Y estaba decidido a afrontar unas sesiones realmente exigentes, así que quería respaldar ese esfuerzo con el mejor apoyo que pudiera conseguir».

Superar los obstáculos mentales

Y luego está el aspecto mental. Volver a montar en bici ha tenido, obviamente, una influencia enorme, no solo para recuperar poco a poco la resistencia de Ross, sino también por su impacto psicológico. Después de meses postrado en la cama, no se puede subestimar el efecto que tiene en la moral un entorno al aire libre tan inspirador.

«El trabajo no se limita solo a la rehabilitación física. Uno de mis mayores miedos al practicar escalada es lesionarme al caer. Es fundamental hacer un entrenamiento específico para caídas, para poder escalar de forma eficiente sin el cansancio que produce agarrarme demasiado fuerte por el estrés innecesario en situaciones seguras. El ciclismo de montaña me ayuda mucho en esto».

Y así siguen llegando las buenas noticias. Pero esta historia aún no ha terminado. Aunque puede que los días más duros ya hayan quedado atrás, el proceso de recuperación de Ross sigue adelante.

El camino que nos espera

En agosto, su cirujano le dio el visto bueno para volver a la actividad normal, y ahora se dirige a pasar un mes de rehabilitación intensiva en el CERS, el Centro Europeo de Rehabilitación Deportiva. Este centro de renombre mundial ofrece tratamientos innovadores y reeducación específica para deportistas de élite. En el caso de Ross, se hará hincapié en los movimientos dinámicos y pliométricos para acelerar sus ya impresionantes progresos.

El objetivo final es volver a guiar grupos de esquí esta temporada. Está tremendamente optimista y cree que va por buen camino para conseguirlo.

Junto a esa tenacidad que le caracteriza, Ross no deja de mostrar su gratitud por todo el apoyo que ha recibido: de sus amigos, su familia, todos los profesionales sanitarios que le han acompañado en cada etapa de su trayectoria y todos los aliados que le han animado, tanto de las comunidades del esquí y la escalada como de otros ámbitos.

Respeta el camino que ha recorrido y, del mismo modo, el que tiene por delante. Y lo hace todo con mucha humildad, sentido del humor y sinceridad.

Aplaudimos la mentalidad indomable de Ross. La avalancha le cambió la vida en un instante. Pero es el carácter que ha demostrado desde entonces lo que define el resto de su historia, incluidas las pruebas que le esperan.

Su determinación inquebrantable —por sacar el máximo partido a los mejores recursos disponibles y dedicarse por completo a su rehabilitación— encarna el verdadero espíritu de la resiliencia. No tenemos ninguna duda de que estas cualidades le permitirán volver pronto a afrontar los retos de montaña más difíciles.

¡Ánimo, Ross!

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